miércoles, 18 de agosto de 2010

La batalla de Hastings


El ejército reunido por el duque Guillermo de Normandía había permanecido pacientemente durante seis semanas en el puerto de Dives, esperando un tiempo propicio para atravesar con sus naves el Canal de la Mancha. Finalmente, eso ocurrió el 27 de septiembre (dos días después de la batalla de Stamford Bridge).

Acampando en una indefensa Hastings, que era parte de las tierras del rey sajón Harold y sus fryedmen (milicia local), Guillermo mandó saquear los alrededores, sin ahorrar ningún tipo de crueldad a sus habitantes, que sufrieron muertes, violaciones y esclavitud.

Cinco agotadores días tuvieron Harold y sus hombres para atravesar Inglaterra de norte a sur y llegar hasta Londres. Allí esperaron unos días más para reponer fuerzas y recabar más hombres y provisiones. Pero tuvieron que partir antes de conseguir todo lo que necesitaban, tanto para proteger su tierra como para impedir que los hombres de Guillermo se desplegaran hacia otros lugares. 

Tras dos días más de marcha, los sajones llegan hasta un lugar que bloqueaba la salida de la península a las tropas de Guillermo, que, mientras tanto, han quedado cercadas por la flota inglesa que también partió de Londres. Parece que la suerte está a favor de los sajones que, además de tener la moral alta por su anterior victoria, se ven reforzados por nuevos contingentes de hombres que han acudido a la llamada de Harold. 

Sello de la isla de Jersey con un fragmento del Tapiz de Bayeux en el que se ve a los futuros dos contendientes en la batalla de Hastings.

Era la mañana del 14 de octubre cuando los dos ejércitos se enfrentaron. En principio, no estaban los bandos excesivamente desigualados: 2500 huscarles y 6000 miembros de la fyrd por parte de Harold, frente a 2000 jinetes y 5000 infantes (las cifras oficiales no hay que considerarlas como exactas, pero sí la proporción). 

Las tropas de Harold gozaban de una estratégica posición sobre la colina de Senlac, donde formaron un infranqueable muro de escudos. Los intentos normandos de romperlo resultaron fallidos, agravándose su situación cuando el destrier (caballo de guerra normando) de Guillermo cayó muerto y se corrió la voz sobre la posible muerte del duque. Ante la confusión desatada, Guillermo montó otro caballo y se dejó ver con la cabeza descubierta. 


Por la tarde, tras varios intentos, los normandos al fin consiguieron romper la línea sajona usando la estratagema de la huida fingida; la poderosa fuerza de la caballería tuvo la última palabra en una batalla muy igualada; en su última embestida, Harold murió y sus hombres se dispersaron por el bosque al caer la noche. 

Los normandos habían vencido y su duque recibiría el 25 de diciembre el título que lo distinguiría a partir de entonces: Guillermo I de Inglaterra, cambiando también el apodo de Bastardo, con que se le conocía en Normandía, por el de Conquistador. Como nuevo rey se mostró implacable desde el principio; como ejemplo, se negó a entregar el cuerpo de Harold a su madre, que incluso le había ofrecido su peso en oro.


La Inglaterra normanda sucedió a la anglosajona, la cual había sucedido a la romana y a la britona. Los nobles normandos, como nuevos señores feudales, recibieron tierras, que incluían a las personas que las habitaban, el cristianismo se elevó oficialmente por encima del resto de cultos paganos remanentes e incluso del cristianismo celta, que nunca había estado bajo el poder de Roma. Pasado el tiempo, el paulatino enfrentamiento entre normandos ingleses y franceses desembocaría en la Guerra de los 100 años. 

Texto © Breve Historia de los Vikingos, Manuel Velasco

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